Como ha escrito Extramiana sobre
la 1ª Guerra carlista en el País Vasco:
"se puede comprender que el pueblo de los campos, que se rebela en nombre de la Religión y de la Legitimidad, se insubordina tambien de manera más o menos consciente, contra la modificación de los contratos agrarios, contra la liquidación de los bienes comunales y contra la extensión de una agricultura de mercado que, al principio y para un gran número, acrecienta la explotación de los comerciantes sobre los rurales y arruina al artesanado de las aldeas". (24)
Fernández de Pinedo subraya
como motivación para la Guerra Carlista en el País
Vasco el problema de las aduanas:
"Situar las aduanas
en la costa era elevar el precio de los productos que consumía
una fracción nada despreciable de los vascongados, precisamente
cuando el precio de los granos que comercializaban estaba bajando".
Y hace mucho énfasis
en las consecuencias económicas y políticas de las
desamortizaciones:
"Cuando se empezaron
a sacar tierras a la venta, una parte de los ricos de los pueblos
-viejos notarios y burgueses rurales o especuladores como los
molineros- las compraron. Por supuesto que entre los adquirentes
no se encontraban los pequeños mayorazgos cargados de deudas.
Desamortizar bienes del común equivalía a sustraerlos
a ciertos usos comunales, sobre todo al corte de leña y
al abono. Los propietarios de fincas que no compraron no tuvieron
ya derecho a lo que antes era legal y gratuito... La privación
de abonos comunales tenía que repercutir en los rendimientos
y, por lo tanto, perjudicó a la mayoría de los campesinos,
y también a una parte de los mayorazgos que poseían
caseríos y no lograron participar en la compra... La caída
de los precios agudizó las contradicciones que existían
desde hacía ya largo tiempo. Mantener los ingresos incrementando
la producción requería más abonos, bien para
venderlos, bien para obtener mejores cosechas. Los que habían
adquirido bienes comunales desearon sacar de éstos el máximo
provecho, con lo cual chocaron con los que no habían podido
comprarlos, la mayoría. Un motivo más en contra
del liberalismo. Las dificultades del colono cuya explotación
se veía privada de los usos comunales repercutían
en la renta del suelo y, por lo tanto, en los ingresos de los
pequeños mayorazgos... EI clero, que ya se había
visto contestado en el plano ideológico en el siglo de
las luces, se vió ahora duramente perjudicado en sus bienes
y en sus rentas. Los franceses saquearon y destruyeron iglesias
y conventos. Los mayorazgos e instituciones religiosas que vivían
de censos, juros y rentas de la tierra habían visto aquéllos
roídos por la subida de los precios del XVIII y éstas
bruscamente menguadas a partir de 1815". (25)
Beltza (pseudónimo de
Emilio López Adán) explica en un revelador y clarificador
libro (Del carlismo al nacionalismo burgués. Mediación
y alienación, Editorial Txertoa, San Sebastián,
1978) que los factores exógenos vinieron a agravar virulentamente
las tensiones agrarias vascas que habían ido creciendo
durante el siglo XVIII. Y distingue dos grupos de factores exógenos:
el de las consecuencias de la guerra contra la Convención
y de las napoleónicas, la inflación de fines del
XVIII y la posterior deflación por un lado y, por el otro,
el de las consecuencias de la ofensiva jurídica de la Corona
española durante todo el siglo XIX contra los bienes comunales
y de propios, las consecuencias de la política de Desamortización.
Beltza advierte que:
"Lo que caracteriza
al siglo XIX no es la mera continuidad de este tipo de conflictos,
sino la intervención de los factores exteriores bélicos
y legislativos a los que hemos hecho referencia. El proceso de
privatización se acelera y la lucha de clases se agudiza,
tomando, ante el papel principal, de las causas externas, un carácter
de insurrección casi global de las clases populares, vencidas
al final por ejércitos extranjeros.
Globalmente, las transformaciones
agrarias durante el siglo XIX fueron enormes. De una parte, se
terminó imponiendo el concepto burgués de la propiedad
absoluta y privada; de otra, se afirmó el predominio de
la agricultura sobre la ganadería y la explotación
forestal; por último, a causa de la inviabilidad creciente
de las viejas explotaciones, se inici6 la despoblación
de los campos... Por todo ello, y dada la estructura social y
productiva de la época, la principal contradicción
que atraviesa la sociedad vasca del siglo XIX es la que hace referencia
a las posiciones de los diversos grupos cara a esa redistribución
y reconcepción de la productividad y la propiedad agrarias.
Esta contradicción principal no niega otras, y así
los motivos de los grandes comerciantes y de ferreteros para pedir
el traslado de las aduanas y ser liberales son operativos en una
esfera distinta a la agraria; sin embargo, su incidencia sobre
los conflictos de clase va a ser secundaria.
En lo que a la cuestión
de la tierra respecta, liberales serán los que hacen fortuna
gracias a la crisis, los capaces de comprar e invertir: fundamentalmente,
pues, grandes nobles y comerciantes adinerados. Carlistas, por
el contrario, los perdedores; bien quienes se veían expoliados
por ser campesinos sin fondos, bien los que vivían en estrecha
relaci6n de comunidad social y dependencia económica con
los cultivadores, como la pequeña nobleza local y los artesanos".
(26)
Salvo la discrepancia sobre el papel de los artesanos, Fernández De Pinedo y Beltza coinciden sobre la composición de clases del carlismo vasco en la primera guerra. Según Fernández De Pinedo, "Entre los carlistas, la base estaba compuesta por campesinos y los dirigentes por los pequeños y medianos mayorazgos". Y el bajo clero, sobre todo de los pueblos, y en especial los monjes. "Sin descartar que el clero jugase un papel --añade Fernández De Pinedo- la explicación del carlismo está en el apoyo masivo de los campesinos y de parte de los notables rurales vascongados. Sin éstos, sin su experiencia militar, sin su capacidad de mando, la insurrección no hubiera pasado
de una machinada. Sin la
colaboración de la masa, el descontento de los mayorazgos
no hubiese pasado de una revuelta palaciega". (27)
Beltza ha explicado luminosamente
en su libro que el peculiar papel de esos "jauntxos",
de esos notables locales, en la primera guerra carlista se debe
a que son a la vez lo que Robert K. Merton ha distinguido
como influyentes locales e influyentes cosmopolitas:
"aceptado como cabeza
natural de la comunidad campesina y colocado en una postura intermedia
que le hacía aparecer como capaz de comprender, explicar
e incluso influir sobre la sociedad englobante, era natural que
el notable hiciera el papel mediador entre ésta y la sociedad
campesina... En nuestro País esta doble relaci6n de dependencia
(es decir, de explotación y de protección a la vez)
entre nobleza local y campesinos, llega probablemente hasta el
siglo XIX en estado bastante operativo... De aquí la naturalidad
con que la masa carlista acepta la dirección de la guerra
por los notables".
Beltza hace a rengl6n seguido
una excepcional descripción de c6mo esos "jauntxos"
convierten su papel de mediadores en papel de alienadores. Descripción
excepcional porque ilumina no só1o la salida de la Primera
Guerra Carlista sino el juego que 60, 100, 150 años
después va a hacer el PNV. Dice Beltza:
."Sin embargo, si bien
el notable local tiene amplias relaciones sociales y culturales
con la comunidad rural, su auténtica situación de
clase y, con ella la base de su comportamiento político,
ha de encontrarse en su pertenencia a las clases y explotadoras.
Serán, antes que miembros de la sociedad campesina, nobles
o burgueses, o, en algunos estados actuales, funcionarios. Por
ello, tenderán siempre a llevar la revuelta que mediatizan
hacia un compromiso dentro de las clases dominantes; la lucha
campesina será una palanca para regatear un trozo más
importante dentro del reparto del poder político o de las
ventajas económicas. Cuando la situaci6n llegue a un punto
donde el compromiso favorable es posible, traicionar a las masas
sera el elemento decisivo para lograr esa postura favorable dentro
del nuevo equilibrio entre los explotadores". (28)
El Convenio de Vergara que cierra
la guerra carlista es ejemplo de este comportamiento, por otra
parte bien conocido en las guerras campesinas europeas.
Es así como los jauntxos, pese a haber perdido la guerra, no son desalojados como clase dominante. Extramiana ha señalado que :
"De 1833 a 1868 la clase privilegiada vasca realiza y consolida su unión. El fuerismo de 1838 permitió la reconciliación de las capas de la aristocracia que se enfrentaron durante la guerra. Un nuevo paso hacia esa unión se da en la época isabelina con una mayor convivencia entre propietarios terratenientes y sectores burgueses". (29)
11. 1876: un ejército extranjero (español) vence
y destruye al Estado foral vasco.